El niño-pájaro

RETRATO_DE_NINO_CON_PAJARO___Autor_Miguel_Angel_Mondragon_Ruiz

Lo miraba fijamente como si dentro de su cuerpo hubiera algo que ella necesitaba para existir. El niño también la miraba: nunca antes había visto un pajarraco tan inmenso; bueno, una pajarraca: él siempre creía que las aves eran femeninas. Comenzaba a pensar que se trataba de una de esas alucinaciones que estaban aquejándolo desde hacía un largo tiempo y de las que su madre huía despavorida.

Cuando sus ojos estaban a punto de romperse oyó la voz de su madre que solicitaba con urgencia su presencia. Bajó las escaleras con decisión, cumplió con su madre y volvió a su habitación; la pájara ya no estaba. Dejó la ventana abierta pero no volvió a verla. Durante días enteros esperó ansioso su regreso, y cuando ya no tenía esperanzas de volver a mirarse en el fondo de sus ojos ocurrió algo que confirmaría sus sospechas.

Era de noche, su padre acababa de llegar a la casa más cansado, aterrado con el mundo y violento que nunca. El niño no recordaba haberlo visto de esa forma antes. Su ropa despedía un cúmulo de olores: “todos los bares y sitios de la ciudad se pegan a su piel”, pensó el niño. En poco tiempo empezó a golpear y destruir todo lo que se ponía en su camino. Cuando el niño supo que había llegado su turno se escabulló y subió más rápido que deprisa a su habitación.

Cerró la puerta con una violencia tímida y asustadiza y se quedó paralizado. Entonces, la vio: la inmensa pajarraca estaba parada de pie junto a la ventana. Intentó acercarse a ella pero al hacerlo ella voló hacia el sol. Y, sin saber bien cómo, el niño se vio a sí mismo surcando los aires, huyendo de esa vida que no le depararía más que lamento y tristeza.

El sol se había puesto y sus padres continuaban gritando e incendiando la casa: demasiado ocupados en sus asuntos como para pensar en ese niñito que ya se iba, que dejaba el tiempo de infancia para siempre.

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RESURECCION

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“Los seres vivos nacen a partir de los muertos y después de un periodo de tiempo, mueren para ser nuevamente lo de siempre: muertos”. Eso me platicó un amigo muerto.

Al hecho de existir como muertos lo llamamos: “mortal”. Igual que los vivos llaman al hecho de existir: “vivir”—me dijo.

He vivido varias veces, he poseído varias vidas, siempre han sido distintas. También he estado largos periodos muerto, y en todos esos periodos soy siempre el mismo.

Al vivir, en cada vida he interpretado un personaje distinto, las experiencias en cada vida son siempre diferentes e incomparables.

Sin embargo, al mortar recuerdo las experiencias de todas mis vidas y periodos de muerto, soy la suma de todas mis formas de existencia. Todo al nacer se olvida, durante esa vida.

He morado en la tierra, el aire, los mares y en el universo. El universo de los muertos es infinitamente más grande que el universo de los vivos, es imposible encontrar o saber como son, de muertos, aquellos seres que conocimos vivos.

Y en ese inmenso universo no hay forma de encontrar a la novia, la esposa, hijos, padres ó amigos, que tuvimos en alguna de nuestras vidas. Los muertos solo podemos reconocer a los que siguen vivos, por eso los muertos visitamos a los vivos. A los que alguna vez amamos y, a veces, a alguien que nos hizo daño cuando éramos vivos.

¿Supiste que mi hermano enloqueció?

No lo sabía—contesté. No quise saber nunca más algo sobre él, porque creo que él te mató. Nunca creí lo de tu suicidio.

Pues enloqueció—me dijo, esbozando una pícara sonrisa; y agregó: dicen que su conciencia le hablaba, que oía mi voz en las noches…

El abuelo y el nieto

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Había una vez un pobre muy viejo que no veía apenas, tenía el oído muy torpe y le temblaban las rodillas. Cuando estaba a la mesa, apenas podía sostener su cuchara, dejaba caer la copa en el mantel, y aún algunas veces escapar la baba.

La mujer de su hijo y su mismo hijo estaban muy disgustados con él, hasta que, por último, le dejaron en un rincón de un cuarto, donde le llevaban su escasa comida en un plato viejo de barro. El anciano lloraba con frecuencia y miraba con tristeza hacia la mesa. Un día se cayó al suelo, y se le rompió la escudilla que apenas podía sostener en sus temblorosas manos. Su nuera le llenó de improperios a los que no se atrevió a responder, y bajó la cabeza suspirando. Le compraron entonces una tarterilla de madera, en la que se le dio de comer de allí en adelante.

Algunos días después, su hijo y su nuera vieron a su niño, que tenía algunos años, muy ocupado en reunir algunos pedazos de madera que había en el suelo.

– “¿Qué haces?”, preguntó su padre.

– “Una tartera, contestó, para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos.”

El marido y la mujer se miraron por un momento sin decirse una palabra. Después se echaron a llorar, volvieron a poner al abuelo a la mesa; y comió siempre con ellos, siendo tratado con la mayor amabilidad.

Hermanos Grimm

La Escalera.

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Imagina que estás frente a una gran escalera , está junto a ti esa persona que es muy importante en tu vida  y están fuertemente tomados de la mano.

Mientras están en el mismo nivel todo está perfecto,  es disfrutable. Pero de pronto tú subes un escalón y esa persona no ,  tu compañero prefiere mantenerse en el nivel inicial. Está bien ,  no hay problema es fácil, aún así, estar tomados de las manos.

Tú subes un escalón más y esa persona se niega a hacerlo ya las manos han empezado a estirarse y no es tan cómodo como al principio ,  subes un escalón más… y ya el tirón es fuerte… ya no es disfrutable y empiezas a sentir que te frena en tu avance… sin embargo quieres que esa persona suba contigo para no perderla.

Desafortunadamente para esa persona no ha llegado el momento de subir de nivel así que se mantiene en su posición inicial tú subes un escalón más  y  ya ahí si es muy difícil mantenerte unido ,  te duele y mucho.Luchas entre tu deseo de que esa persona suba ,  de no perderla pero tú ya no puedes ni quieres bajar de nivel.

En un nuevo movimiento hacia arriba viene lo inevitable y se sueltan las manos. Puedes quedarte ahí, llorar y gritar tratando de convencerle de que te siga,  que te acompañe ,  puedes incluso ir contra todo tu ser y tú mismo bajar de nivel con tal de no perderla más, después de esa ruptura en el lazo ya nada es igual  así que por más doloroso y dificíl que sea ,  entiendes que no puedes hacer más que seguir avanzando y esperar que algún día vuelvan a estar al mismo nivel.

Eso pasa cuando inicias tu camino de crecimiento interior en ese proceso en ese avance pierdes muchas cosas: pareja, amigos, trabajo, pertenencias… todo lo que ya no coincide con quien te estás convirtiendo ni pueden estar en el nivel al que estás llegando…

Puedes pelearte con la vida entera pero el proceso es así. El crecimiento personal es eso personal  individual no en grupo  puede ser que después de un tiempo esa persona decida emprender su propio camino y te alcance o suba incluso mucho más que tú… pero, es importante que estés consciente de que no se puede forzar nada en esta vida.

Llega un momento en tu escalera “hacia convertirte en una mejor persona”… en que puedes quedarte solo un tiempo y duele claro que duele y mucho luego, conforme vas avanzando te vas encontrando en esos niveles con personas mucho más afines a ti personas que gracias a su propio proceso están en el mismo nivel que tú y que si sigues avanzando… ellos también.

En esos niveles de avance ya no hay dolor ni apego  ni sufrimiento  hay amor  comprensión y  respeto absoluto.

Así es nuestra vida ,  una infinita escalera donde estarás con las personas que estén en tu mismo nivel y si alguien cambia ,  la estructura se acomoda.

Cada pérdida ,  cada cosa que sale ,  es porque así tiene que ser ,  déjales ir… y prepárate para todo lo bueno que viene a tu vida.  Sigue avanzando y confía en los Dioses porque esta escalera sólo lleva a cosas buenas y si no me crees… porque no lo compruebas por ti mismo y te detienes a meditar cómo es tu escalera y hacia dónde te lleva.

 

Y entonces podremos entender por qué nos encontramos con diferentes personas en la vida y por qué otras se van quedando atrás.

Sobre la vida y la muerte

 

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Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte.

El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta.

Cuando, más tarde, los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replicó:

– “¿No habéis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?”.

– “Pero, ¿hay vida después de la muerte o no la hay?”, insistió un discípulo.

– “¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!”, replicó enigmáticamente el Maestro

El cura , el pastor y la Muerte

En un pueblo montañés , de los Carpatos.. los dos sacerdotes del pueblo ( el cura y el pastor ) eran amigos. Se reuní­an a menudo a charlar, jugar a las cartas , tomar unos vinitos. Lo que mas se discutí­an era sobre ” Que hay después de la Muerte “.
Cada uno defendí­a la posición oficial de su fe.
Cansados de discutir no no poder convencer al otro…hicieron una promesa.
El que muere primero, regresa para decirle al otro..como es en el Mas allá.
Pues bien. Una noche de invierno..el pastor se quedó hasta tarde en casa del cura.
Una vez que se ha ido, el cura se acostó. Como a la media hora..le tocan el vidrio de la ventana de su dormitorio , que daba a la calle.
Era el Pastor. El cura abrió un poco la ventana ..pensó que habí­a olvidado algo.
Notaba que el pastor estaba muy, pero muy pálido..
” He regresado, porque he muerto. Y vengo decirte..que al Mas allá..no es ni como tu lo pintabas , ni como yo lo creí­a.”
Dicho esto, se dio vuelta y se fue. El cura mirando…notaba que no dejaba huellas sobre la nieve …
Un escalofrí­o le pasaba por todo el cuerpo. Un poco asustado..se metió a la cama..cubriéndose hasta la cabeza.
En la mañana..vení­a su ama de llaves.
” ¡ Reverendo , Reverendo ! A que no sabe..en la madrugada el pastor y su cochero cayeron en un barranco profundo , resultando fallecidos los dos…al parecer instantáneamente.”

Raro..muy raro.. ¿ Verdad ?

Corazón de cebolla.

 

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.

Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado… El caso es que los colores eran irisados, deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo.

Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón, porque también las cebollas tienen su propio corazón, un piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella un lapislázuli, la de más allá una esmeralda … ¡Una verdadera maravilla!

Pero, por una incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.

Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:

– “¿Por qué no eres como eres por dentro?”

Y ellas le iban respondiendo:

– “Me obligaron a ser así… me fueron poniendo capas… incluso yo me puse algunas para que no me dijeran nada.”

Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.