RESURECCION

790759__angel-of-death_p

“Los seres vivos nacen a partir de los muertos y después de un periodo de tiempo, mueren para ser nuevamente lo de siempre: muertos”. Eso me platicó un amigo muerto.

Al hecho de existir como muertos lo llamamos: “mortal”. Igual que los vivos llaman al hecho de existir: “vivir”—me dijo.

He vivido varias veces, he poseído varias vidas, siempre han sido distintas. También he estado largos periodos muerto, y en todos esos periodos soy siempre el mismo.

Al vivir, en cada vida he interpretado un personaje distinto, las experiencias en cada vida son siempre diferentes e incomparables.

Sin embargo, al mortar recuerdo las experiencias de todas mis vidas y periodos de muerto, soy la suma de todas mis formas de existencia. Todo al nacer se olvida, durante esa vida.

He morado en la tierra, el aire, los mares y en el universo. El universo de los muertos es infinitamente más grande que el universo de los vivos, es imposible encontrar o saber como son, de muertos, aquellos seres que conocimos vivos.

Y en ese inmenso universo no hay forma de encontrar a la novia, la esposa, hijos, padres ó amigos, que tuvimos en alguna de nuestras vidas. Los muertos solo podemos reconocer a los que siguen vivos, por eso los muertos visitamos a los vivos. A los que alguna vez amamos y, a veces, a alguien que nos hizo daño cuando éramos vivos.

¿Supiste que mi hermano enloqueció?

No lo sabía—contesté. No quise saber nunca más algo sobre él, porque creo que él te mató. Nunca creí lo de tu suicidio.

Pues enloqueció—me dijo, esbozando una pícara sonrisa; y agregó: dicen que su conciencia le hablaba, que oía mi voz en las noches…

Sobre la vida y la muerte

 

Autosave-File vom d-lab2/3 der AgfaPhoto GmbH

Todas las preguntas que se suscitaron aquel día en la reunión pública estaban referidas a la vida más allá de la muerte.

El Maestro se limitaba a sonreír sin dar una sola respuesta.

Cuando, más tarde, los discípulos le preguntaron por qué se había mostrado tan evasivo, él replicó:

– “¿No habéis observado que los que no saben qué hacer con esta vida son precisamente los que más desean otra vida que dure eternamente?”.

– “Pero, ¿hay vida después de la muerte o no la hay?”, insistió un discípulo.

– “¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la cuestión!”, replicó enigmáticamente el Maestro

Un hombre, su caballo y su perro.

Caballo con perro1 wColor lu

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera.
Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
– Buenos días.
– Buenos días. Respondió el guardián.
– ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
– Esto es el Cielo.
– ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
– Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
– Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
– Lo siento mucho, Dijo el guardián pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero.
Posiblemente dormía.
– Buenos días, dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
– Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
Hay una fuente entre aquellas rocas, dijo el hombre, indicando el lugar.
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
Podéis volver siempre que queráis, Le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar?, preguntó el hombre.
CIELO LE RESPONDIO.
¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno, contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa trae grandes confusiones! advirtió el hombre.
¡De ninguna manera!, increpó el hombre, En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Paulo Coelho.

La dama del cementerio.

542823_432287696855007_2079524151_n

 

Cuenta la historia que por allá en el año 1984, Gregorio Rodríguez fue al cementerio como todos los años, puntualmente en el día del fallecimiento de su pequeño hijo desde hacía tres años.

Pero esta vez Gregorio llegó un poco tarde y mientras cambiaba las flores de la tumba y le dedicaba unas oraciones en su lengua natal a su difunto hijo, el tiempo se pasó y los cuidadores del cementerio, se fueron, dejándolo encerrado adentro.

Asustado Gregorio comenzó a caminar entre las tumbas tratando de encontrar al sereno que de noche, patrulla los campos para evitar cualquier tipo de vándalos u otras particularidades que puedan dañar el cementerio.

La noche ya había caído completamente y el pobre hombre seguía dando vueltas tratando de encontrar alguien para que le abriera la inmensa reja de la entrada principal, oxidada ya por el paso de los años.

En ese instante, un sobresalto de felicidad lo sacó de sus pensamientos, porque notó que a unas cuantas tumbas de distancia, había una mujer joven de pie, vestida de largo vestido gris, mirando fijamente una tumba sin flores y con una lápida casi ilegible.

Gregorio, feliz, le preguntó si conocía algún lugar mas que la puerta principal para salir. Ella le dijo que si, que lo siguiera, que ella conocía una salida fácil.

El hombre la siguió durante un rato hasta que llegaron hasta uno de los inmensos paredones que circundaban el lugar. Sorprendido porque no veía ninguna puerta, Gregorio le preguntó por donde iban a salir. Ella sin dudarlo respondió “por aquí” y sin volver a mirarlo, atravesó el muro.

¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?

cementerios

 

Nadie es una isla completo en sí mismo;
Cada hombre es un pedazo de continente,
Una parte de la tierra;
Si el mar se lleva una porción de tierra
Toda Europa queda disminuida, como si fuera
Un promontorio, o la casa de uno de tus
Amigos, o la tuya propia;
La muerte de cualquier hombre me disminuye,
Porque estoy ligado a la humanidad;
Y por consiguiente, nunca hagas preguntar
¿Por quién doblan las campanas?

Doblan por ti. 

JOHN DONNE (poeta inglés1572-1631)

 

El cura , el pastor y la Muerte

En un pueblo montañés , de los Carpatos.. los dos sacerdotes del pueblo ( el cura y el pastor ) eran amigos. Se reuní­an a menudo a charlar, jugar a las cartas , tomar unos vinitos. Lo que mas se discutí­an era sobre ” Que hay después de la Muerte “.
Cada uno defendí­a la posición oficial de su fe.
Cansados de discutir no no poder convencer al otro…hicieron una promesa.
El que muere primero, regresa para decirle al otro..como es en el Mas allá.
Pues bien. Una noche de invierno..el pastor se quedó hasta tarde en casa del cura.
Una vez que se ha ido, el cura se acostó. Como a la media hora..le tocan el vidrio de la ventana de su dormitorio , que daba a la calle.
Era el Pastor. El cura abrió un poco la ventana ..pensó que habí­a olvidado algo.
Notaba que el pastor estaba muy, pero muy pálido..
” He regresado, porque he muerto. Y vengo decirte..que al Mas allá..no es ni como tu lo pintabas , ni como yo lo creí­a.”
Dicho esto, se dio vuelta y se fue. El cura mirando…notaba que no dejaba huellas sobre la nieve …
Un escalofrí­o le pasaba por todo el cuerpo. Un poco asustado..se metió a la cama..cubriéndose hasta la cabeza.
En la mañana..vení­a su ama de llaves.
” ¡ Reverendo , Reverendo ! A que no sabe..en la madrugada el pastor y su cochero cayeron en un barranco profundo , resultando fallecidos los dos…al parecer instantáneamente.”

Raro..muy raro.. ¿ Verdad ?

La vieja y el ocaso.

 

El sol se despedía del día. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

– “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecita del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

– “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

– “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas ”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

– “¿Sabes?… Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

– “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

– “¿Cosas? ¿De ti misma…?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la anciana con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la vieja añadió:

– “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres… ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo . El vasallo guardó silencio.