El abuelo y el nieto

11069357_10205066367092292_3387850001560918650_n

Había una vez un pobre muy viejo que no veía apenas, tenía el oído muy torpe y le temblaban las rodillas. Cuando estaba a la mesa, apenas podía sostener su cuchara, dejaba caer la copa en el mantel, y aún algunas veces escapar la baba.

La mujer de su hijo y su mismo hijo estaban muy disgustados con él, hasta que, por último, le dejaron en un rincón de un cuarto, donde le llevaban su escasa comida en un plato viejo de barro. El anciano lloraba con frecuencia y miraba con tristeza hacia la mesa. Un día se cayó al suelo, y se le rompió la escudilla que apenas podía sostener en sus temblorosas manos. Su nuera le llenó de improperios a los que no se atrevió a responder, y bajó la cabeza suspirando. Le compraron entonces una tarterilla de madera, en la que se le dio de comer de allí en adelante.

Algunos días después, su hijo y su nuera vieron a su niño, que tenía algunos años, muy ocupado en reunir algunos pedazos de madera que había en el suelo.

– “¿Qué haces?”, preguntó su padre.

– “Una tartera, contestó, para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos.”

El marido y la mujer se miraron por un momento sin decirse una palabra. Después se echaron a llorar, volvieron a poner al abuelo a la mesa; y comió siempre con ellos, siendo tratado con la mayor amabilidad.

Hermanos Grimm

Anuncios

Un hombre, su caballo y su perro.

Caballo con perro1 wColor lu

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera.
Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
– Buenos días.
– Buenos días. Respondió el guardián.
– ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
– Esto es el Cielo.
– ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
– Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
– Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
– Lo siento mucho, Dijo el guardián pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero.
Posiblemente dormía.
– Buenos días, dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
– Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
Hay una fuente entre aquellas rocas, dijo el hombre, indicando el lugar.
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
Podéis volver siempre que queráis, Le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar?, preguntó el hombre.
CIELO LE RESPONDIO.
¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno, contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa trae grandes confusiones! advirtió el hombre.
¡De ninguna manera!, increpó el hombre, En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Paulo Coelho.

La parte mas importante del cuerpo es….

amistad
Un día mi madre me preguntó: “¿Cuál es la parte más importante del cuerpo?”.  A través de los años trataría de buscar la respuesta correcta. Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije: “Mis oídos, mamá”. Ella dijo: “no, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo.”
Varios años pasaron antes de que ella lo hiciera. Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta. Y es así que le dije: ”Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos. “Ella me miró y me dijo: ”Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aún sin sus ojos”. Continué pensando… ¿cuál era la solución?.
A través de los años, mi madre me preguntó un par de veces más, y ante mis respuestas la suya era: “No, pero estás poniéndote más inteligente con los años, pronto acertarás”.
Hace algunos años mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto sobre todo porque fue la segunda vez que lo vi llorar. Mi madre me miraba cuando fue el momento de dar el adiós final al abuelo. Entonces me preguntó: “¿No sabes todavía cuál es la parte más importante del cuerpo, hijo?”. Me asusté cuando me preguntó justo en ese momento. Yo siempre había creído que ese era un juego entre ella y yo. Pero ella vio la confusión en mi cara y me dijo: ”Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado te dije que estabas equivocado y te he dicho por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo”.
Ella me miraba como sólo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas, y la abracé. Fue entonces cuando apoyada en mí, me dijo: ”Hijo, la parte del cuerpo más importante es tu hombro”.
Le pregunté: “¿Es porque sostiene mi cabeza?”
Y ella respondió: “No, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Todos necesitamos un hombro para llorar algún día en la vida, hijo mío. Yo sólo espero que tengas amor y amigos y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo.”

El niño y las estrellas.

Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

 

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.
El hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. Este le contestó:
– “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.
Dijo entonces el escritor:
-” Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”.

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó ” para ésta… sí tiene sentido”.

El escritor se marchó un tanto desconcertado, no podía explicarse una conducta así. Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.
A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas…

Lo que vales……

 

Alfredo, con el rostro abatido de pesar se reúne con su amiga Marisa en un bar a tomar un café.
Deprimido descargó en ella sus angustias…que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación…todo parecía estar mal en su vida.

  Marisa introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 50 dólares y le dijo:
 – Alfredo, quieres este billete ?
 Alfredo, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:
 – Claro Marisa…son 50 dólares, quién no los querría ?
 Entonces Marisa tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bollo. Mostrando la estrujada pelotita verde a Alfredo volvió a preguntarle:
 – Y ahora igual lo quieres ?
 – Marisa, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 dólares, claro que los tomaré si me lo entregas.
 Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo, levantándolo luego sucio y  marcado.
 – Lo sigues queriendo ?
 – Mira Marisa, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 50 dólares y mientras no lo rompas conserva su valor…

 – Entonces Alfredo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, SIGUES siendo tan valioso como siempre lo hayas sido…lo que debes preguntarte es CUANTO VALES en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.
 Alfredo se quedó mirando a Marisa sin decir palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.
 Marisa puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:
 – Toma, guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal…pero me debes un billete NUEVO de 50 dólares para poder usar con el próximo amigo que lo necesite !!
 Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente MERECEMOS MAS y que PODEMOS CONSEGUIRLO si nos lo proponemos ? Claro que el mero propósito no alcanza…se requiere de la ACCIÓN para lograr los beneficios. Yo sé que se puede y que existen innumerables caminos para conseguirlo.

Y a pesar de todo…el 25 sera Navidad.

 

En teoría, el día de navidad celebramos el nacimiento de Cristo, hijo de Dios que vino a hacerse hombre para predicar el amor entre nosotros y entregó su vida crucificado y murió lentamente como prueba del amor que nos tenía a los hombres.

En la práctica, el día de navidad las familias se reúnen, se entregan regalos, comen en abundancia y expresan con regalos, comidas, plegarias, música, abrazos y besos el amor que sienten por ser miembros de esa familia, el amor que sienten entre ellos.

Muchas de esas familias, que entienden el día de navidad como un día para expresar el amor por el otro, no necesariamente creen en que hubo un señor que nació en el pesebre de Belén y que fue crucificado tal como lo narra la Biblia y que ese señor o ese predicador o ese filósofo incomprendido era realmente el hijo de Dios.

No todos los que celebran la navidad creen a pie juntillas en tal o cual libro sagrado, ni pertenecen a tal o cual confesión religiosa, ni practican tales o cuales mandatos morales, ni siquiera están seguros de que el hijo de Dios vivió entre nosotros, ni de que Dios exista a tiempo completo.

Yo celebro la navidad y sin embargo soy agnóstico. Yo celebro la navidad y creo que en todos los dioses y en ninguno, creo en todas las religiones y en ninguna. Yo celebro la navidad porque es un día más pero no un día cualquiera, pues nos recuerda que estamos vivos (lo cual ya es insólito, extraordinario, en el contexto del tiempo cósmico) y que aún estamos a tiempo de decirnos que nos amamos, incluso si no nos amamos del todo o todo el tiempo (pero ya decir que nos amamos es igualmente insólito, extraordinario, porque, en rigor, rara vez nos decimos eso los humanos).

No me apunto entonces al club de los que dicen que la navidad es odiosa y detestable, que las reuniones familiares suelen ser aburridas y envenenadas por el tedio y la hipocresía, que es una fiesta obscena del consumismo, una celebración del dinero, porque el amor se expresa en regalos y los mejores regalos siempre son caros. No me apunto a ese cofradía quejumbrosa y descreída. He leído muchas veces a gente diciendo que odia la navidad y sospecho que esa gente probablemente se odia a sí misma o a la especie humana en general.

Porque, a fin de cuentas, la navidad es una celebración urgente, instintiva, del hecho milagroso (o al menos inexplicable) de estar vivos, no importa si crees en tal o cual Dios o en ninguno, no importa si tienes la plata para comprar el mejor regalo o sólo te alcanza para abrazar y besar a los que más quieres y decirles que los amas, que es siempre el regalo más precioso (y no se puede comprar).

Lo único que importa en la navidad es recordar que tienes la suerte, si acaso, de tener a una familia que te ama, o a unas personas que te aman aunque no tengan vínculos sanguíneos contigo y son ya la familia que has elegido. Lo único que importa en la navidad es reconocer que estás vivo, que esta puede ser tu última navidad, que todavía hay gente que te ama a pesar de todo y que todavía amas a ciertas personas a pesar de todo.

Por eso ninguna navidad es despreciable, por eso me digo que hay que celebrar cada navidad como si fuera la última, porque, creas o no creas en las evocaciones religiosas que ella despierta, lo único cierto, verdadero, palpable, demostrable el día de la navidad es que todavía estás vivo, que respiras, que caminas si tienes suerte, y que a tu lado hay niños que abren regalos y sonríen, y hay gente que te ama porque creció contigo y porque su instinto es amarte aunque no merezcas que te amen, y porque algunos de los que te amaron ya no están (y, aunque no creas en ningún Dios, quizá merezcan que les digas que los amas o que los echas de menos) y porque tienes la suerte de que todavía viven otros que te amaron toda la vida y que te amarán hasta el último de sus días o de los tuyos.

El milagro escondido de la navidad no es necesariamente que hace tantos miles de años nació furtivamente el hijo de Dios: el milagro es que tú y yo todavía estamos vivos y que todavía hay gente que amamos y que nos ama. No dejes pasar la ocasión de decirle a esa gente que la amas, porque un día (más pronto de lo que esperas) puede que ya no tengas esa oportunidad, y entonces serán ellos los que con suerte te recordarán en una navidad en la que estarás ausente.

Y a pesar de todo esto…. el 25 sera Navidad.