Almas gemelas …o quizás una única alma.

“Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que ésta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.
Cuando te miro, contemplo tu belleza y tu gracia y sé que han crecido con cada vida que has vivido. También sé que te he estado buscando durante todas mis vidas anteriores. No buscaba a alguien como tú, sino a ti, pues tu alma y la mía están destinadas a estar juntas. Y sin embargo, por razones que escapan a nuestro entendimiento, nos han obligado a despedirnos.
Me gustaría decirte que todo se arreglará entre nosotros, y te prometo hacer lo que esté en mis manos para que así sea. Pero si no volvemos a vernos y ésta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a encontrarnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores”.

Fragmento de la novela “The Notebook” de Nicholas Sparks

La verdad no esta fuera.

 

“No te esfuerces por juntar riquezas en la tierra, porque podrán ser robadas por ladrones o volverse obsoletas. Además no te olvides que al dejar este mundo, tendrás que abandonarlo todo, y entre ello tu propio cuerpo. Entonces, ¿de que sirve amontonar riquezas?. Colecciona los tesoros que alimentan tu espíritu, las buenas obras, el bien que haces al ayudar a tus hermanos a encontrar el camino hacia la paz , por que todas estas riquezas te acompañaran más allá de esta vida”

El cura , el pastor y la Muerte

En un pueblo montañés , de los Carpatos.. los dos sacerdotes del pueblo ( el cura y el pastor ) eran amigos. Se reuní­an a menudo a charlar, jugar a las cartas , tomar unos vinitos. Lo que mas se discutí­an era sobre ” Que hay después de la Muerte “.
Cada uno defendí­a la posición oficial de su fe.
Cansados de discutir no no poder convencer al otro…hicieron una promesa.
El que muere primero, regresa para decirle al otro..como es en el Mas allá.
Pues bien. Una noche de invierno..el pastor se quedó hasta tarde en casa del cura.
Una vez que se ha ido, el cura se acostó. Como a la media hora..le tocan el vidrio de la ventana de su dormitorio , que daba a la calle.
Era el Pastor. El cura abrió un poco la ventana ..pensó que habí­a olvidado algo.
Notaba que el pastor estaba muy, pero muy pálido..
” He regresado, porque he muerto. Y vengo decirte..que al Mas allá..no es ni como tu lo pintabas , ni como yo lo creí­a.”
Dicho esto, se dio vuelta y se fue. El cura mirando…notaba que no dejaba huellas sobre la nieve …
Un escalofrí­o le pasaba por todo el cuerpo. Un poco asustado..se metió a la cama..cubriéndose hasta la cabeza.
En la mañana..vení­a su ama de llaves.
” ¡ Reverendo , Reverendo ! A que no sabe..en la madrugada el pastor y su cochero cayeron en un barranco profundo , resultando fallecidos los dos…al parecer instantáneamente.”

Raro..muy raro.. ¿ Verdad ?

La vieja y el ocaso.

 

El sol se despedía del día. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

– “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecita del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

– “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

– “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas ”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

– “¿Sabes?… Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

– “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

– “¿Cosas? ¿De ti misma…?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la anciana con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la vieja añadió:

– “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres… ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo . El vasallo guardó silencio.

La muerte no es el final

 

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo
Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho.
No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia