LOS NADIE .

 

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovizna cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los niguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanías.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

(El libro de los abrazos).  De Eduardo Galeano  ( gracias )

Anuncios

El niño y las estrellas.

Había una vez un escritor que vivía a orillas del mar; una enorme playa virgen donde tenía una casita donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para su libro. Era un hombre inteligente y culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida.

 

Una mañana mientras paseaba a orillas del océano vio a lo lejos una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y lanzarlas otra vez al mar.
El hombre le preguntó al joven que estaba haciendo. Este le contestó:
– “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar; la marea ha bajado demasiado y muchas morirán”.
Dijo entonces el escritor:
-” Pero esto que haces no tiene sentido, primero es su destino, morirán y serán alimento para otros animales y además hay miles de estrellas en esta playa, nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”.

El joven miró fijamente al escritor, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó ” para ésta… sí tiene sentido”.

El escritor se marchó un tanto desconcertado, no podía explicarse una conducta así. Esa tarde no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien, soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas.
A la mañana siguiente corrió a la playa, buscó al joven y le ayudó a salvar estrellas…

Nuestro otro yo .

 

El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que leía:

“Cachorritos en venta”

Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando:

– “¿Cuál es el precio de los perritos?”

El dueño contesto: “Entre 30 y 50€”. El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas:

– “Sólo tengo 2.37€… ¿puedo verlos?”.

El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás.

El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que renqueaba.

“¿Qué le pasa a ese perrito?”, preguntó.

El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que renquearía por el resto de su vida.

El niñito se emocionó mucho y exclamó:

– ¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!”.

Y el hombre replicó:

– “No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo”.

Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo:

– “Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2,37€ ahora y 50 céntimos cada mes, hasta que lo haya pagado completo”.

El hombre contestó:

– “Tú en verdad no deberías comprar ese perrito, hijo. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos”.

El niñito se agachó y se levantó la pernera de su pantalón para mostrar su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:

– “Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco… y el perrito necesitará a alguien que lo comprenda”

 

Siempre encontraremos algo que nos devuelva a nosotros mismos. Nuestro otro yo.